Las previsiones de resultados récord de las aerolíneas para este año se están viendo amenazadas por los sobrecostes del queroseno. Tanto es así que Europa ha tenido que dar su brazo a torcer y aceptar el combustible usado en Norteamérica para paliar la escasez.
El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha puesto en jaque al sector aéreo europeo. Las aerolíneas que habían iniciado el año con perspectivas de resultados récord han tenido que trastocar sus planes. No solo han frenado las expectativas, sino que además se han visto obligadas a poner en marcha medidas de contención para hacer frente al desabastecimiento de queroseno y su consecuente encarecimiento. El combustible supone del orden de un tercio de los costes, lo que amenaza las perspectivas de crecimiento para este ejercicio.
Tras la reciente presentación de resultados de IAG, su consejero delegado, Luis Gallego, ha destacado que en la actualidad el problema es más de precio que de disponibilidad, pero ha advertido de que, si el conflicto sigue restringiendo los flujos de crudo y combustible de aviación desde Oriente Medio, podría haber restricciones de suministro a escala global.
Con las disrupciones geopolíticas, el precio del queroseno ha pasado a moverse por encima de los 150 dólares, cuando los presupuestos de principios de año estaban entorno a los 85 dólares, generando unos sobrecostes que comprometen las previsiones crecimiento. Las estimaciones de principios de año apuntaban a beneficios netos del orden de los 14.000 millones de euros.
Las volátiles reservas de combustible de aviación en Europa, señalan los expertos de DWS no son tanto una historia sobre el sector aéreo y si más una advertencia de cómo un shock prolongado en Ormuz podría incrementar la fragilidad de las cadenas de suministro.
Hasta tal punto que Europa se ha visto en la necesidad de dar el visto bueno al queroseno de tipo Jet A, más habitual en Estados Unidos y Canadá, con unas características ligeramente diferentes, en especial en el punto de congelación, respecto al Jet 1 más utilizado en la aviación internacional en un intento de evitar la suspensión de vuelos y salvar la temporada de verano ante una posible disrupción provocada por la falta de combustible.
Una situación que está generando una fuerte incertidumbre en la industria. Sin un final a la vista para el bloqueo del estrecho de Ormuz, pese a la reactivación de las conversaciones, lo que podrían parecer mercados de combustible muy específicos están revelando vulnerabilidades económicas mucho más serias.
Los gráficos analizados por DWS sobre las reservas normalizadas de combustible de aviación en Estados Unidos y la Eurozona desde 2015 muestras como las reservas estadounidenses se han movido dentro de una banda relativamente estrecha frente a la mayor volatilidad en Europa. Los inventarios de la Eurozona, en cambio, han registrado fuertes oscilaciones en este período, con repetidos picos y caídas. Un hecho relevante, puestas oscilaciones pueden ser una señal temprana de cómo el estrés se transmite a través de sistemas altamente optimizados.
En el caso del combustible de aviación, recuerdan en la firma de inversión, los mecanismos son estructurales. No puede producirse simplemente bajo demanda, ya que compite con el diésel y otros destilados medios, por la capacidad de refino.
En este sentido, Europa también cuenta con menor margen para absorber interrupciones, debido a una mayor dependencia de las importaciones y a restricciones logísticas y regulatorias más estrictas.
Es cierto que las aerolíneas pueden transportar combustible adicional en determinados vuelos y, con planificación, parte del suministro puede enviarse desde otros mercados. Pero eso solo redistribuye el suministro existente, no lo crea, y por tanto no soluciona el problema intrínseco.
El Golfo Pérsico es doblemente importante: no solo es un punto crítico energético, sino también la columna vertebral de la conectividad aérea intercontinental, a través de hubs como Dubái, Doha y Abu Dabi, especialmente para el transporte aéreo de mercancías entre Europa y Asia.
Cuando las rutas se alargan, los costes aumentan y los márgenes de seguridad se reducen, los primeros impactos recaen sobre las cadenas de suministro sensibles al tiempo y sobre los flujos de pasajeros, con posibles efectos en cascada sobre los procesos de fabricación. Las reservas de combustible de aviación podrían convertirse así en un indicador adelantado de vulnerabilidades más amplias en comercio, producción y capacidad de fijación de precios, con el consecuente sobrecoste para las aerolíneas.
Como señala Darwei Kung, codirector de materias primas y renta variable en recursos naturales en DWS: "Cuando los problemas logísticos se prolongan, los mercados dejan de tratar la disrupción como algo temporal y comienzan a poner precio a una vulnerabilidad estructural".
Al respecto, el mercado del combustible de aviación está poniendo a prueba la conocida suposición de que la resiliencia inicial necesariamente se traducirá en estabilidad duradera. Encontrar soluciones sencillas y rápidas en los mercados energéticos actuales está resultando últimamente mucho más complicado, poniendo en solfa las rentabilidades previstas para este año. Eso explica en gran medida la creciente volatilidad de las cotizaciones.
Julio Muñoz. Periodista de información económica y experto en comunicación.