Por Alejandro Moreno Yagüe
Ya está empezado el mes de agosto, y ya en los fines de semana, la provincia de Guadalajara volverá a llenarse de las fiestas patronales: verbenas, peñas, charangas y reencuentros. Muchas de vosotras y muchos de vosotros regresaréis a los pueblos de vuestras madres y de vuestros padres, donde tenéis una casa, muchas amistades y muchas historias estivales que habréis vivido.
Las fiestas consiguen algo bonito. Las calles se llenan de gentes de diferentes generaciones. La vida vuelve, aunque sea por una semana. No escribo contra las fiestas, pero creo que se deben disfrutar sin causar sufrimiento a nadie.
Entrado ya el siglo XXI, todavía no entiendo cómo nos entretenemos con el miedo, el dolor, el sufrimiento y la muerte de un animal. Las corridas de toros, los encierros, las sueltas o las carreras por el campo continúan llenando los programas festivos de muchos pueblos de esta provincia.
No me vale lo de la tradición o la costumbre, ni tampoco lo de la cultura. Se puede envolver de épica, de aplausos, de emoción, o de oles, se le puede poner música de orquesta o muchas banderas de España, pero no se nos puede olvidar que es un animal que siente miedo y dolor, que no participa de una forma voluntaria, que no entiende el homenaje que se le da y no tiene opción de decidir. Su sufrimiento es el espectáculo.
Cuestionar lo que han sido costumbres no resultará sencillo, pero solo avanzamos cuando revisamos lo que somos. No siempre lo que es antiguo merece conservarse, ni lo que es tradicional tiene por qué ser bueno. Tenemos imaginación, y podemos celebrar nuestras fiestas de otra manera. Puede haber más música, teatro, deporte, gastronomía, juegos. Se podrán hacer propuestas culturales y lúdicas muy entretenidas. Con el dinero que se ahorrarían mejoraría la programación seguro. No se trata de empobrecer las fiestas, sino de hacerlas más diversas, más participativas y que puedan participar todos los públicos.
Los Ayuntamientos también tienen su responsabilidad. El "siempre se ha hecho así" no sirve. Se pueden ofrecer alternativas y facilitar los cambios, especialmente cuando es algo financiado con dinero público. Llegará un día en que no se podrá entender cómo era divertido el sufrimiento de un animal. Ojalá ese día esté cerca.
Mientras tanto, como decía Serrat, "vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta", que regresemos a los pueblos de nuestras familias, que bailemos y celebremos el encuentro, pero que ningún animal tenga miedo, sufra o muera con la excusa de la fiesta.
Alejandro Moreno Yagüe. Educador social.